domingo, 10 de julio de 2011

Los otros pecados de la SGAE: amenazas, falsificaciones y abusos de poder


10-07-2011 | 1

Un ex inspector de la sociedad habla con LA GACETA sobre las prácticas más vergonzantes de la entidad.

Noelia Hermida. Bilbao


Empezó con ilusión. Es amante de la música y, como tal, estaba encantado con que su trabajo fuera defender los derechos de los autores y proteger sus obras. A. R. entró en la Sociedad General de Autores (SGAE) en el año 1999. Había terminado un máster de gestión cultural y una compañera le dijo: “Buscan a gente en la SGAE”. “Yo no sabía muy bien cuáles eran las funciones de un representante de la SGAE. Sabía a lo que se dedicaba y, encima, cuando fui a la entrevista, me lo pintaron todo maravilloso y, si te gusta la música, como es mi caso, proteger el buen uso de las canciones y fomentar la creación me parecía maravilloso. Además, me aseguraron que la gente sabía que tenía que pagar por los derechos de las obras y que, al realizar las visitas, no iba a tener ningún problema en cobrar.”, asegura A. R., sin poder ocultar la decepción que le produce pensar en ello hoy.

La realidad no tuvo nada que ver con esta imagen bucólica que le vendieron en los inicios. Defender a los autores se convirtió en una jornada laboral de casi 24 horas en la que, si quería llegar a fin de mes, porque le hicieron un contrato como autónomo –la mayoría de los inspectores estaban contratados por la SGAE como trabajadores por cuenta ajena, un hecho que, recientemente, ha cambiado–. En la actualidad, ya se están haciendo contratos mercantiles para evitar cometer más irregularidades, como, por ejemplo, obligar a estos trabajadores a cumplir unos objetivos mensuales o imponerles un horario laboral, algo que, al ser autónomos, no pueden hacer. “La SGAE tiene a 200 personas en mi misma situación y, como sabe que no está bien, lo que hace es ofrecer nuevos contratos de tipo mercantil pero con cláusulas abusivas para guardarse las espaldas y amenazando con echar al que no lo firme”, señala A. R. Su trabajo era conseguir que todos los clientes de su zona pagaran su factura correspondiente. “Era una presión constante. El año que yo entré incrementé los beneficios de mi zona más de un 80% y llevé a decenas de locales a juicio. Aun así, cada año que pasaba, te exigían que aumentaras el número de clientes, sin importar la forma. No se paraban a pensar que hay crisis, que muchos locales no tienen ni para pagar sus facturas y que, en muchos casos, las tarifas que nos tenían que pagar cada mes eran abusivas”, apunta. A pesar de la presión, el hecho de que su sueldo dependiera de las comisiones que obtenía a raíz de los pagos de los locales, le hacían actuar como un lobo más de la manada. “La SGAE no piensa en las personas ni en los casos personales. Ellos te dicen: tienes que cobrar sí o sí. Da igual que tú les digas que el dueño de un bar de un pueblo no tiene ni para arreglar las goteras del techo y que no va a poder pagar. No les tiembla la mano; en cuanto pueden llevar a alguien a juicio, lo hacen sin miramientos”, asegura.

Amenazas

Antes de emprender acciones legales contra un cliente que no cumple con sus pagos, la SGAE agota todas las opciones utilizando medios menos ortodoxos.
“Cuando un cliente se negaba a pagar o dejaba de hacerlo por alguna razón, íbamos al local y hablábamos con el dueño. Si era el primer caso, le explicábamos que por el uso público de obras registradas –a través de un reproductor de música o una televisión, en el caso de negocios de hostelería, o bien representándolas delante de un foro indeterminado de personas–, tenían que pagar un impuesto a la SGAE que variaba en función de los metros cuadrados del local o, en el caso de espacios destinados a conciertos o representaciones, según el programa. Algunos lo entendían y muchos otros no, pero, si podían pagarlo, muchos accedían. En el caso contrario, si dejaban de pagar por falta de liquidez, visitábamos el local cada poco tiempo para recordarles que tenían que pagar, pero ellos sabían que, hasta que llegaran a deber una cantidad que no superara los 300 euros, no podríamos hacer nada contra ellos, legalmente hablando. Por eso, si su cuota era de 15 euros al mes, podían acumular muchos recibos sin pagar. Pero la SGAE no iba a permitirse perder este dinero, así que, muchas veces, sin decirnos nada a los inspectores, contrataban a detectives para averiguar la titularidad de la empresa y les enviaban cartas amenazantes; por supuesto, sin que figurara el nombre de la entidad para que nadie pudiera ir contra ellos”, apunta A. R.

Falsificaciones

Otra práctica ilegal, muy habitual según cuenta este ex inspector, era falsificar facturas. “Cuando teníamos que cobrar a un ayuntamiento por una fiesta popular, en la que podía haber una orquesta o un pasacalles, por la celebración de un concierto, de un grupo que interpretara sus propios temas o que hiciera versiones de canciones registradas, teníamos que emitir una factura según el programa. La tarifa varía en función de las obras registradas que se interpreten y mi trabajo era acudir al evento, conseguir el programa o, si no lo había, ir apuntando las piezas que se escuchaban. Si era un concierto con un repertorio cerrado, era muy fácil hacer este trabajo, pero, en el caso de una charanga de un pueblo o de una coral que va improvisando o que no tiene un listado de las canciones, era muy complicado, porque es imposible que conozcas a todos los autores y sus obras y, a veces, es difícil contactar con estos grupos para pedirles que te den la información. En estos casos, la SGAE utilizaba “un programa tipo”. Teníamos en la sede un montón de programas de fiestas populares y, cuando no conseguíamos el auténtico, nos obligaban a coger uno de esos y emitir la factura a partir de él”, asegura A. R. Con este tipo de prácticas, la sociedad cobraba a un ayuntamiento o a una comisión de fiestas una cantidad de dinero que no se correspondía con la realidad y que, en muchos casos, era superior a la que tenían que pagar.

Favoritismos

Como ha quedado demostrado con el último escándalo de la entidad, ser amigo de los altos cargos de la SGAE tiene su recompensa, y ser uno de ellos, todavía más.

En los primeros años de su vida laboral dentro de la sociedad, A. R. tenía reuniones y compartía muchos momentos con su jefe de zona e, incluso, con algún alto cargo que se desplazaba desde la sede central para visitarle. Por eso, él mismo pudo comprobar cómo ciertos locales, por ser sus dueños amigos de un alto cargo de la SGAE o personas de influencia, no pagaban los derechos de autor y él recibía orden estricta de no entrar en el local a cobrarlos. “Te dejaban completamente sin armas. Tú entrabas en un local a hacer tu trabajo y, cuando enviabas los datos a la central para que los registraran, recibías un correo electrónico de algún jefe que te decía: de ese sitio olvídate, ya nos encargamos nosotros. Tú perdías el dinero de la comisión y el tiempo que habías empleado en toda la gestión. Además, sabías que nunca iba a pagar porque había un interés en que esa empresa X no pagase para que, cuando fuera necesario, le hiciera favores a la SGAE”, confirma. Pero este no es el único ejemplo que puede contar A. R.: “Un día vino mi jefe de zona conmigo a un juicio por impago. El cliente debía unos 600 euros. Cuando llegamos a la sala, mi jefe vio al demandado y me dijo que era el dueño del bar en el que desayunaba muchos días. Habló con los abogados y anuló el pago del hombre. Yo me quedé sin cobrar y el hombre se fue sin pagar”, asegura indignado.

Gastos de gestión

Saber cómo se reparte el dinero que se recauda en nombre de los autores es uno de los secretos mejor guardados por la entidad. “La SGAE presume de ser transparente, pero, muchas veces, los propios autores me han dicho a mí que no cobraban ni un duro. Hay casos en que, por un error burocrático, a un autor no se le paga durante meses y ¿qué se hace con ese dinero? Eso se debería investigar”, advierte A. R.
Además, la SGAE no sólo gana dinero de no pagar a los autores. “En los contratos que firman los clientes, aparece una cláusula en la que se indica que la sociedad se queda con un tanto por ciento del dinero del pago para sus gastos de gestión. Nadie sabe cuáles son estos gastos ni en qué se utiliza este dinero y, claro, si tú te quedas con un 20% de lo que cobra un cantante al que le tienes que pagar 600 euros al mes, no sacas nada, pero, si lo haces con una estrella que cobra millones y tú te quedas con alguno, las arcas se llenan rápido y él ni se da cuenta”, asegura A. R. Parece, en fin, que la Operación Saga es sólo el principio de una historia delictiva.
Con todo el dolor de mi corazon.lo copio de La Gaceta.es.copio y pego

miércoles, 6 de julio de 2011

Teddy Bautista, a disposición judicial por apropiación indebida La Guardia Civil registra la SGAE por presunta malversación de fondos y estafa Cultur


Barcelona. (Redacción y Agencias). - La Guardia Civil está procediendo al registro de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y "por el momento" por el que el presidente de la sociedad, Teddy Bautista, será puesto a disposición judicial. Otras dos personas serán puestas también a disposición del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, del que es titular el juez Pablo Ruz. La operación está promovida por la Fiscalía Anticorrupción, que lleva dos años investigando presuntos delitos de desviación de fondos y apropiación indebida.

De espontánea, se ha congregado un pequeño grupo de personas que han dicho trabajar por la zona y que están coreando lemas como "No hay pan para tanto chorizo", "Teddy, al final te llega tu sanmartín" o "Ladrones". Mientras tanto, la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) permanece cerrada a cal y canto durante el registro que la Guardia Civil está realizando.

La operación coincide con la victoria de la Candidatura Profesional de Autores y Compositores (CPAC), encabezada por Bautista, en las elecciones celebradas ayer para elegir a los 38 miembros que integrarán hasta 2015 la Junta Directiva de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), ha informado la entidad.

Una supuesta trama societaria de empresas filiales

La Fiscalía Anticorrupción presentó en la Audiencia Nacional una denuncia dirigida contra la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) por un supuesto desvío de fondos en sus actividades, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas. El escrito del Ministerio Público, que fue presentado hace unas semanas ante el Decanato de la Audiencia Nacional, responde a unas diligencias previas abiertas por este departamento a raíz de una denuncia que presentaron en noviembre de 2007 la Asociación de Internautas, la Asociación de Usuarios de Internet, la Asociación Española de Pequeñas y Medianas Empresas de Informática y Nuevas Tecnologías (APEMIT) y la Asociación Española de Hosteleros Víctimas del Canon (VACHE).

La denuncia, a la que tuvo acceso Europa Press, se basaba en la aparición en varios medios de comunicación de varias "supuestas ilicitudes cometidas en la gestión económica de los recursos de la SGAE". Los internautas denunciaban que los directivos de la entidad habían formado una trama societaria de empresas filiales en torno a la Sociedad Digital de Autores y Editores (SDAE) en las que las cantidades recaudadas en concepto de gestión de derechos de autor se invertían en actividades lucrativas para las mismas.

Según estas asociaciones, la entidad denunciada incumplía, de esta forma, "el mandato legal que le exige que el reparto de los derechos recaudados se efectúe equitativamente entre los titulares de las obras o producciones utilizadas, pues supuestamente se estaría destinando dicha recaudación a mantener empresas privadas, que lo son de sus socios y que además envuelven un ánimo de lucro prohibido expresamente por ley".

A su juicio, estas actividades podrían ser constitutivas de los delitos de apropiación indebida, estafa y fraude de subvenciones que serían achacables a los responsables de las empresas que habrían llevado a cabo la "malversación" de sus recursos económicos y, de forma subsidiaria, al Ministerio de Cultura, como "principal fiscalizador de este tipo de asociaciones".

El juez ordena el bloqueo y embargo de las cuentas relacionadas

El juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ha autorizado el bloqueo y embargo de varias cuentas bancarias en el marco de la investigación abierta. Así lo han informado fuentes jurídicas, que han señalado que esta es una de las solicitudes que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil hizo ayer al magistrado, al que también pidió que autorizara varias entradas y registros -como el que ha tenido lugar esta mañana en la sede de la SGAE- y comunicó que tenía previsto detener hoy a varias personas para tomarles declaración.

La entidad "confía plenamente" en la "inocencia de sus directivos"

La SGAE ha señalado en un comunicado al que ha tenido acceso Europa Press que "confía plenamente" en la "inocencia de sus directivos" ante la "extraordinaria situación vivida en el día de hoy". La entidad de gestión señala que está "a la espera de conocer el sentido de la investigación y registro que se están llevando a cabo en su sede central" por parte de la Guardia Civil. Asimismo, indica que está colaborando en todo momento con las instituciones judiciales "para aclarar las razones que han motivado esta actuación". Finalmente, ha expresado su "sorpresa" por que esta acción "se lleve a cabo precisamente un día después de que se hayan celebrado las elecciones a su Junta Directiva en la que han participado más autores que en toda la historia reciente de la Sociedad", concluye.La Vanguardia.com.copio y pego

lunes, 27 de junio de 2011

Cultura Un kamikaze contra la SGAE


A las puertas de las elecciones, el ex arquitecto de la entidad, Santiago Fajardo, declara la guerra a Bautista

SUSANA GAVIÑA / MADRID
Día 27/06/2011
En mayo rompieron definitivamente relaciones, después de casi veinte años de colaboración —desde la rehabilitación, en 1993, del Palacio de Longoria, actual sede de la SGAE—. Llevaban, sin embargo, meses de tensas conversaciones. Responsable de gran parte de los proyectos de la red Arteria —el Teatro de los Campos Eliseos de Bilbao, el infructuoso proyecto del Palacio de Boadilla del Monte, la Sala Berlanga...—, y, hasta hace un mes, de la obra del auditorio Arteria Al-Andalus de Sevilla, Santiago Fajardo dimitía y daba por zanjada su amistad con Eduardo Bautista. Los motivos: «Obstrucción y falta de transparencia» en la información económica relativa al edificio sevillano. La SGAE reclama, sin embargo, que fue ella la que despidió al arquitecto por «negligencia», motivando retrasos y un incremento en el presupuesto de la obra.

Antes de la ruptura hubo un último intento de conciliación. La entidad remitió a Fajardo en mayo un email con un texto borrador con el que pretendía dar por cerrado el conflicto. Un acuerdo «vergonzoso», en opinión de Fajardo, que provocó el estallido de la guerra que en estos momentos se desarrolla en los juzgados. El arquitecto ha presentado tres demandas civiles y otra penal contra la entidad y Bautista —por violación del honor, vulneración de derechos de la propiedad y por falta de pago—, que está convencido va a ganar.
Que no se entere el arquitecto

Acusado del retraso en la ejecución de las obras de Arteria-Al Andalus, Fajardo, en su estudio de Las Rozas, se defiende y denuncia la «clamorosa dificultad» de la entidad a la hora de tomar decisiones, especialmente en Sevilla, proyecto que empezó en 2000 y que a lo largo de una década «ha registrado más de veinte cambios. La parte sustantiva del tiempo y del dinero se ha ido en las indecisiones en asuntos fundamentales».

Pero el punto que realmente abrió una brecha entre el arquitecto y la SGAE fue la incorporación de un intermediario, una empresa gestora cuya función era la de «coordinar» a todos los implicados en la obra. Primero fue Gerens Hills, que tras tres años fue sustituida por «un equipo propio», encabezado por Emilio Cabrera, «máximo responsable de la parte económica de Arteria y primo-hermano de Bautista», y Ángel Quintanilla, «director técnico de la SGAE, que se ocupa de la compra del equipamiento de sus edificios. Ambos, para hacer y deshacer sin que se entere el arquitecto», mantiene Fajardo.
Un precio demasiado alto

El arquitecto insiste que ha cumplido con sus números: «Los escasos datos económicos que tenemos acreditan que la evolución económica de la obra civil, de la que yo soy responsable, no ha sufrido incremento alguno». Sin embargo, sí existe un incremento del presupuesto en lo referente a los costes generales de la obra que son «completamente ajenos a la obra civil». En los últimos meses se han producido númerososas órdenes de cambio emitidas por el equipo de gestión, «que yo me he negado a firmar. Llegó un punto en el que era inasumible suscribir una liquidación económica que para mí es desconocida y que puede estar llena de bombas que me pueden explotar a mí, sin tener nada que ver en ello. No he hecho nada más que exigir transparencia. El edificio de Sevilla es la obra más importante de mi carrera pero el precio que me han puesto para estar en la inauguración no lo puedo pagar».

Fajardo no se arrendra ante un oponente tan poderoso como Bautista. «La justicia y el tiempo terminarán poniendo a cada uno en su lugar. Él tiene una gran maquinaria jurídica pero yo tengo muchas razones». En esta batalla judicial Fajardo ha incluido también al equipo más cercano al presidente de la SGAE por violar sus derechos de la propiedad intelectual al entregarle su proyecto a Rafael García Dieguez, al que el Colegio de Arquitectos de Sevilla ha incoado un expediente deontológico.

Tras años de colaboración, Fajardo cree que a Bautista le ha perdido la prepotencia. «Ningún buen gestor hubiera permitido que las cosas llegaran a este punto». Y ante las acusaciones de la entidad, les invita a «que las pongan por escrito, que pongan una demanda», y niega haber querido cobrar más por el incremento del presupuesto de la obra. «Solo quiero cobrar los muchísimos cambios que me han obligado a hacer», reivindica. A pesar de la dura batalla a la que se enfrenta, Fajardo exhibe un «espíritu luchador». «A mí me han convertido en un kamikaze. Llevo un cinturón lleno de bombas y estoy dispuesto a lo que sea». Hasta dónde puede llegar... , el tiempo lo dirá.

Cultura Un kamikaze contra la SGAE

martes, 21 de junio de 2011

LA SGAE, LA NUEVA INQUISICIÓN.



La Sociedad General de Autores y Editores, más conocido por su acrónimo SGAE, es una organización – según ellos – sin ánimo de lucro cuya principal misión es institucionalizar y proteger los derechos y autorías de los artistas y editores de España. Hasta aquí podría parecer muy bonito, pero esto está muy lejos de la realidad. La SGAE es un cuerpo elitista y sectario, cuyo único fin es el de alimentar las arcas privadas de varios miembros. Y no tiraré gas sobre fuego sin pruebas.

Este cuerpo se fundó en 1899 con el propósito de mejorar la situación de muchos autores maltratados por la economía, en aquel entonces era la Sociedad de Autores Españoles (SAE) y su existencia era limpia y honrada. Lamentablemente, con el paso del tiempo llegaron varios cambios que la destrozaron. En 1941 se refundó como Sociedad General de Autores de España y posteriormente, en 1995, comenzó su perversión con el nuevo nombre de Sociedad General de Autores y Editores.

En 1996 se introdujo con toda su fuerza el canon compensatorio por copia privada (Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, durante el último gobierno en funciones de Felipe González), y los mares de dinero comenzaron fluir en las arcas de la SGAE. Voy a explicar muy brevemente cómo funciona el famoso canon. Como se supone que la mayoría de nosotros vamos a piratear, se nos graba un impuesto especial sobre cualquier soporte que sirva para esto; véase CD, disco duro o puerto USB como los más usados. Y no os penséis que es poco dinero. Por cada diez CD’s vírgenes la SGAE gana 2.7€, o por ejemplo, el último disco duro que me compré, de un Tb de memoria, le tuve que pagar casi 50€. Aquí mi pregunta, ¿dónde está la presunción de inocencia?

Uno de los primeros temas de gran controversia fue el incidente con los programas P2P. Básicamente, la SGAE ha recibido varias denuncias por promover y financiar campañas publicitarias que asocian el P2P – que no es más que compartir archivos entre usuarios de la red – y el top manta, la delincuencia y los robos.Cronológicamente hablando, otro asunto muy peliagudo fue el del, ya esmentado, canon digital. Añadir que el odio internauta ha llegado a tal punto por este motivo, que buscando ‘ladrones’ en Google encontramos varias entradas entre las 5 primeras. Esto es el Google Juice, totalmente imparcial del gran buscador. Además, el 21 de octubre de 2010 el tribunal de la Unión Europea declaró ilegal la aplicación del canon digital para empresas y profesionales. Obviamente, la respuesta de la SGAE ha sido oídos sordos.

Otro tema peliagudo fue el de la compensación por recaudación. Se trata de lo siguiente, cuando llegó el actual Presidente del Consejo de Dirección, Teddy Bautista, cambió el sistema de voto dándole más poder a los miembros que más dinero aportan. Vamos a destacar dos cosas. La primera, ¿dinero que aportan? ¿Pensaba que la SGAE cobraba impuestos, por lo tanto tenía funciones públicas? Bueno, cobrar impuestos se le da de maravilla, ahora bien, compartir el dinero con el Gobierno no tan bien. Un claro caso de corrupción en toda regla. Lo segundo, el señor Bautista ha conseguido que solo el 10% de los miembros de la SGAE pueda votar, y estos son, efectivamente, sus amiguetes.

Otro tema que me llama mucho la atención es el la defensa del honor de la SGAE. Han denunciado a muchas organizaciones por mancillar su nombre. Ellos pueden pasarse la presunción de inocencia por dónde duele, pero el resto del mundo no puede ni ejercer la libre expresión. No estoy hablando de amenazas de muerte, solamente de sitios web como la Frikipedia que se vio cerrada durante un buen tiempo por tener una sátira de la SGAE. Me estoy indignando mucho mientras escribo esto, ¿pero en qué mundo vivimos? Dónde se ha visto que una organización inquisidora pueda cerrar – en contra de toda ley – una web por presuntas críticas satíricas. De estas hay muchísimas, recuerdo unas declaraciones de Teddy Bautista llamando ‘fascistas’ a Google por indexarles en el término ‘ladrones’; mal hecho teniendo en cuenta la gran reputación del gigante americano.

Acabando ya, quiero exponer un tipo de polémica que siempre me ha horrorizado, el cobro por beneficencia y patrimonio humano. Véase que la SGAE, impunemente de cara a la justicia, se presenta en un concierto benéfico y pide derecho de autor y, obviamente, dinerito fresco. Todos nos acordamos del lío que se montó con el caso del ‘Síndrome de Alexander’ o el reciente concierto en beneficio del Terremoto de Lorca. Y la otra, que no acabo de entender cómo se puede cobrar derechos de autor, es cuando la SGAE llega a un pueblo y reclama dinero cuando tocan canciones típicas del territorios, chirigotas, flamencos, jotas, y sardanas han sufrido esta calvario.

Hasta aquí la historia de la SGAE. Y la indignación latente del que suscribe. ¿Qué podemos hacer? La Unión Europea ha declarado ilegal el canon y se sigue aplicando como antes. La SGAE se salta cómo y cuándo quiere, ya no solo la ley, sino derechos fundamentales como el de la libertad de expresión. Me cobran un dinero por derechos de autor, que si luego soy yo el autor no puedo cobrar. Y van repartiendo denuncias a cualquiera que hable mal de ellos. Quiero aprovechar esta entrada para reunir ideas, ‘Anonymous’ ha dado un ejemplo de que los internautas unidos tenemos mucho que decir, os animo a que dejéis vuestras ideas, propuestas, opiniones. Eso sí, que venga alguien y se atreva a decirme que esta no es la nueva inquisición.Ramrock’s Blog .copio y pego

lunes, 16 de mayo de 2011

La SGAE pierde contra una tetería a la que quería cobrar por la música ambiente


Parece que las únicas victorias que consigue la SGAE son las políticas, ya que en el terreno judicial viene acumulando una serie de derrotas que ponen en entredicho sus motivaciones y sus actuaciones. La última derrota se ha producido en Ciudad Real, donde la tetería Pachamama ha ganado un juicio en el que la entidad gestora le pedía el abono de casi 3.000 euros en concepto de derechos de autor por la música que ponía.

La historia comenzó hace cerca de dos años, cuando esta tetería comenzó a recibir las visitas de un representante de la SGAE que les pedía una serie de cuotas por el repertorio musical que reproducían. Estas visitas estaban complementadas con distintas cartas, pero los gerentes del local se negaron a hacer ningún tipo de desembolso. Un año y medio después, concretamente el 7 de octubre de 2010, llegó la demanda.

La SGAE pedía a Pachamama 2.966,28 euros alegando que “la parte demandada venía comunicando públicamente y sin autorización obras de propiedad intelectual cuyos derechos de explotación gestionaba su mandante [SGAE]” entre enero de 2009 y julio de 2010. Así las cosas, Pachamama recurrió a Vicente Martínez, un abogado que en 2007 ya venció a la SGAE representando a otro bar de la provincia de Ciudad Real, y se dispuso a afrontar la causa judicial. Para ello llevó como testigos a varios clientes y músicos que frecuentaban la tetería y que aseguraron que en Pachamama nunca se reproducía música gestionada por SGAE, sino repertorio con licencia Creative Commons procedente de portales como Jamendo.

Estos argumentos contradecían los aportados por el representante de SGAE, que llegó a decir incluso que en varias de sus visitas a la tetería había llegado a escuchar emisoras como Cadena 100. Pachamama negó la mayor y no sólo aseguró que ese dato era falso, sino que además declaró que en su recinto la música ni siquiera era un ingrediente principal, como pudiera serlo en una discoteca, sino que se reproducía simplemente a nivel ambiental, como telón de fondo para las conversaciones, charlas, debates, mesas redondas y otras actividades que a menudo albergan.

Además, y frente a la acusación por parte de SGAE de reproducir contenidos bajo licencia copyright en dispositivos de vídeos, Pachamama alegó que estos dispositivos eran usados por asociaciones y colectivos sociales de Ciudad Real para reproducir su propio material, que no se encontraba dentro del repertorio de SGAE.

En la sentencia, la jueza encargada del caso asegura que “no puede decirse que se haya probado que todas y cada una de las obras musicales que se comunican públicamente en el local de la mercantil demandada sean temas cedidos gratuitamente por sus autores a través de Licencias Creative Commons, pero exigir dicha prueba, en esos terrenos de exhausitividad, sería exigir una prueba tan diabólica como la que resultaría de forzar a la SGAE a que pruebe que todas y cada una de las obras comunicadas en dicho local sean de autores cuya gestión le ha sido encomendada”. Además, “corresponde a ésta [a la SGAE] acreditar que en el local de la demandada se reproduce música gestionada por la actora, lo que no ha conseguido”.

Por lo pronto, la SGAE ha recurrido la sentencia, pero Pachamama ya cuenta con una primera victoria que le permitirá seguir haciendo su trabajo con relativa tranquilidad y con la satisfacción de un primer triunfo judicial.El Confidencial.copio y pego

sábado, 14 de mayo de 2011

La SGAE usa derechos de autor para avalar con 83 millones a su holding J. Romera / A. Ramón / A. Semprún


El presidente de la SGAE, Teddy Bautista, tiene todo atado y bien atado para que la asamblea general de la entidad apruebe sin problema alguno las cuentas del último ejercicio. Sería una sorpresa mayúscula que no fuera así porque Teddy controla hasta la más mínima voz discordante. No hay lugar para la crítica.

Y eso a pesar de que el balance anual que se presentará hoy, y al que ha tenido acceso ya elEconomista, arroja serias dudas sobre su gestión.

La principal de todas radica en el holding empresarial Arteria, la red de teatros y espacios escénicos creada en los últimos años por la SGAE, que pese a facturar poco más de 20 millones en el último ejercicio y no tener casi beneficios, suma ya una deuda de más de 200 millones de euros.

Según figura en las cuentas, para llevar a cabo este gran proyecto empresarial, con teatros en España, Estados Unidos e Iberoamérica, Teddy Bautista ha comprometido el dinero de los autores, dando avales bancarios por un importe de 83 millones a la Fundación Autor, la matriz de Arteria, en garantía de distintos préstamos.
Una entidad sin ánimo de lucro

Pese a ser una entidad sin ánimo de lucro, que en teoría debe dedicarse tan sólo a gestionar los derechos de autor y promover a los jóvenes creadores, la SGAE se ha hecho en los últimos años con el control de los teatros Häagen Dazs Calderón y Coliseum, en Madrid; el Paral.lel, en Barcelona; el Campos Elíseos, en Bilbao; el Manhattan Center, en Nueva York; La Casona, en México DF; o el Metropolitan en Buenos Aires.

Y no para promover precisamente a los nuevos talentos, sino para hacer negocio con estrellas ya plenamente reconocidas como Joaquín Sabina, Rafael Amargo, David Bisbal, el ballet de Victor Ullate o el bailaor flamenco Joaquín Cortés.

Este proyecto ha sembrado ya algunas grietas en el seno del consejo, siendo una de las razones que explicaría la salida del mismo del cineasta José Miguel Fernández Sastrón, que ha decidido ahora presentar una candidatura de oposición frente a Bautista de cara a las próximas elecciones a la junta de la SGAE, que se celebran en junio.

"Cada autor debe saber que cuando ingresa en la entidad, una parte de sus derechos queda inmediatamente hipotecada para garantizar los créditos de Arteria. Teddy Bautista está jugando con el dinero de los socios para hacer negocio", ha asegurado a este periódico Fernández Sastrón.

No es el único que piensa así. Los más críticos con Teddy Bautista consideran que el tema es muy sensible si se tiene en cuenta que hay contabilizados derechos sin repartir a los autores por 225,8 millones a 31 de diciembre de 2010, lo que supone un 10,2% más que un año antes. Fernández Sastrón exige por ello que cuando un autor firme su contrato con la entidad para que le gestione sus derechos de propiedad intelectual, sea informado puntual y detalladamente de que parte de lo que le correspondería ya ha sido pignorado por la SGAE.
La situación financiera

La sociedad, que registró unos ingresos en el último año de 365 millones y que sigue un año más en números rojos suma una deuda total, incluyendo tanto los derechos pendientes de pago como los compromisos con la banca y con el resto de acreedores, de casi 430 millones. Fernández Sastrón ha conseguido finalmente el censo electoral con el que poder pedir los avales para presentar su candidatura después de que, según denunció, Bautista los hubiera retenido en su propio beneficio.

No obstante, sigue criticando duramente el control que el hasta ahora presidente hace de la entidad para perpetuarse en el cargo. De hecho, aunque la SGAE cuenta con más de 100.000 socios, tan sólo unos 8.000 podrán ejercer el próximo junio su derecho al voto en las elecciones. Sólo votan los que más ingresan. La sociedad declinó ayer hacer sin embargo ningún comentario.elEconomista.copio y pego